Entrevista publicada el 14 de mayo de 2025 · Memoria y archivos comunitarios
Entrevista a la historiadora Marta Quiroga sobre archivos populares
Cómo se preserva la memoria de los barrios en Argentina
Marta Quiroga lleva quince años coordinando un archivo barrial en la zona sur del conurbano. La entrevista arranca con una escena mínima: una caja de zapatos con cuadernos escolares de los años sesenta que alguien dejó en la puerta una mañana de invierno. Desde ahí, todo lo demás.
El archivo no nació de un proyecto institucional ni de una convocatoria oficial. Nació de donaciones sueltas: fotos de casamientos, boletas de almacén, actas de sociedades de fomento, cartas de madres a la escuela. Quiroga explica que el primer criterio de conservación no fue temático sino afectivo: si alguien se desprendía de un material, ese gesto ya contaba como parte del fondo.
Con los años apareció la pregunta difícil. Qué se guarda y qué no. La respuesta, dice, nunca es definitiva. Trabajan con una ficha simple por documento, un registro de quién lo donó y una descripción breve del contexto. Nada más. La idea es que cualquier vecino pueda entender qué hay adentro sin formación previa en archivística.
Sobre la digitalización, Quiroga es clara: escanear no reemplaza al papel. Sirve para consultar, para compartir con escuelas, para que un investigador de otra provincia no tenga que viajar. Pero el original sigue siendo el original, con su olor, su humedad, sus márgenes escritos a mano. El archivo conserva ambos y lo dice abiertamente en su reglamento interno.
Sostener el espacio con recursos propios es la parte menos romántica. Alquiler de un local pequeño, cajas libres de ácido, un deshumidificador que se rompe cada tanto. Parte del trabajo se apoya en estudiantes de bibliotecología que hacen prácticas ahí y aprenden a describir fondos que no aparecen en ningún catálogo central.
La conversación deja una idea que atraviesa todo: hacer archivo popular en Argentina es, antes que nada, una decisión de vecindad. Alguien tiene que abrir la puerta, aceptar la caja, anotar el nombre y quedarse con el material el tiempo suficiente para que otra persona lo pueda leer.